Nous Morfeo. Acerca de Emanuel Levinas

Acerca de Emanuel Levinas

Introducción

Soy totalmente solo; así, pues, el ser en mí, el hecho de que existo, mi
existir, es lo que constituye el elemento absolutamente intransitivo, algo sin
intencionalidad ni relación. Todo se puede intercambiar entre los seres, salvo
el existir
.1

Posiblemente esta idea, defendida por Lévinas, fue una de las causas por las
que el filósofo de Kaunas decidió lanzarse a la búsqueda de una nueva
filosofía, discrepando, de este modo, de su maestro Husserl.2

La obra de Emmanuel Lévinas (1905- 1995) podemos dividirla en dos períodos. En
un primer momento, influyeron sobre ella dos grandes filósofos, a saber,
Husserl y Heidegger. Debemos recordar que Lévinas coincidió con ellos en
Estrasburgo, alrededor del 1927, cuando éste se trasladó hasta allí para
estudiar filosofía. La deuda de Lévinas a Husserl y Heidegger se hace patente
en sus tres primeras publicaciones importantes: La teoría de la intuición en
la fenomenología de Husserl
(1930), De la existencia al existente
(1947) y Descubriendo la existencia con Husserl y Heidegger (1949).

No obstante, a pesar de la influencia que habían tenido sobre él estos
filósofos, Lévinas tomará una nueva dirección, abandonando, de este modo, el
camino que había tomado hasta el momento. Así, en un segundo período proclamará
a la ética como la filosofía primera, rechazando la prioridad que filósofos,
como los arriba mencionados, le habían otorgado a la ontología. Este cambio de
postura fue la causa de que la filosofía levinasiana se haya convertido en algo
fundamental para todos aquellos que niegan la primacía de la ontología, es decir,
para todos aquellos que niegan que lo más importante es el ser y, por el
contrario defienden la alteridad, la primacía del otro; en resumen, para todos
aquellos que sostienen

que la ética es
superior al saber.

Por desgracia, en
nuestros días, el mensaje de Lévinas parece que ha permanecido en el recuerdo
de unos pocos, y que la gran mayoría se hayan inclinado por aquello que
defendía Hegel: Todo lo importante toma la forma de guerra […] Un
verdadero Estado requiere una división de clases en ricas y pobres […] La
guerra tiene un valor moral positivo
.3
Pero, en fin, no vamos a discutir ahora sobre esto, ya que responde a una
opinión propia, por ello, pasemos sin más preámbulos a sintetizar el
pensamiento de Lévinas que es de lo que trata el presente trabajo.

Decir lo indecible

Para entender la obra
de Lévinas hemos de conocer, en primer lugar, algunos sucesos importantes que
marcaron la vida de nuestro autor. Lévinas nació en 1905 en Kaunas (Lituania)
en el seno de una familia judía y burguesa. En 1914 se vieron obligados a
emigrar a causa de la Primera Guerra Mundial, instalándose en Karkhov (Ucrania)
donde vivieron la revolución bolchevique. Su experiencia de la vida se arraigó,
por una parte, en la conciencia de un pueblo que había padecido las barbaries
nazis y se manifestó, por otra parte, dentro del pensamiento francés, sin
despreciar por eso la fenomenología alemana. En 1931, tras haber conocido a Heidegger
y Husserl, se nacionalizó francés, gracias a lo cual se salvó del trato que
recibieron otros judíos en el campo de concentración en Hannover, en el que fue
recluido en 1940. Sin embargo, su familia que habitaba en Lituania no tuvo la
misma suerte y fue masacrada por los nazis. Por este hecho, Lévinas rompió la
relación que mantenía con Heidegger, por la cercanía de éste al nazismo. En
estas experiencias hallaría la fórmula de una nueva filosofía, la cual
encumbraría a la persona, dejando en un segundo plano al “ser”. Así,
durante los años 50, Lévinas comenzó a crear una filosofía altamente original,
dejando a un lado la ontología y preocupándose por la ética. Pero, ¿cuál fue el
motivo por el que nuestro autor decidió independizarse de su maestro e iniciarse
en una nueva búsqueda? ¿Por qué puso en duda la primacía de la ontología? En
resumen, ¿por qué la ética como filosofía primera? Estas son las cuestiones a
las que intentaremos responder de un modo sistemático a continuación.

El término filosofía desde Sócrates había adquirido, según Lévinas, un
significado erróneo. Se había identificado a la filosofía con el amor a la
sabiduría. Occidente había creado una filosofía preocupada por el ser (la
esencia) y había ignorado al ente (al sujeto). Se había olvidado de la
diferencia, de los sentimientos. Sin embargo, nuestro autor, al igual que
harían filósofos como Heidegger y Nietzsche, advirtió que a causa de esta
filosofía habíamos conseguido más aspectos negativos que positivos, ya que nos
había conducido a una sociedad en la cual lo más importante era el ser, el ego
cartesiano, el ensimismamiento; es decir, a consecuencia de esta idea habíamos
creado un mundo en el que habíamos olvidado factores imprescindibles de la
persona, como son las pasiones y los sentimientos, o aspectos básicos de
carácter ético por los que podemos hablar realmente de persona, como el decir
“los buenos días”.

Lévinas observó que la base de la violencia era el interés, ya que resulta
imposible el poder afirmarnos todos, por ello advirtió que este inter-és
debíamos convertirlo en des-inter-és, es decir, debíamos
de ponernos en el lugar del otro sin esperar nada a cambio. Debíamos, por consiguiente, surgir del ego cartesiano y ver más
allá de nosotros mismos; aceptar que somos, tal y como señalaba Aristóteles en
su Política, animales cívicos; aceptar que a mi lado se encuentra el
Otro, gracias al cual soy yo quien soy.

Con esto, Lévinas
subrayaba la idea de alteridad, rechazando de este modo lo anunciado por la ontología. Ésta
se caracterizaba por reducir a lo Mismo todo lo que se oponía a ella como Otro. El conocimiento representaba, así, una estrategia de apropiación, de
dominación. Por el contrario, el filósofo de Kaunas, inspirándose en la
tradición hebrea, buscó otro modo de pensar esta relación, ya que, como él
señalaba, no somos tan sólo hijos de los griegos sino también de la Biblia.4
La filosofía occidental había mirado hasta el momento únicamente a Grecia,
olvidándose de Jerusalén.

Tras este olvido, Lévinas propondrá
pensar de nuevo la filosofía entendiendo a ésta no ya
como amor a la sabiduría, sino a la inversa, como la sabiduría que nace del
amor
. Pues lo que define al ser humano no es el ser,
tampoco el interés, sino el desinterés. Por ello, hemos de tomar distancia del
cogito, del sistema y de lo lógico, pues estos tres términos son los que habían
caracterizado al pensamiento occidental hasta el momento, y crear una filosofía
de la diferencia ya que lo importante no es el ser, lo concreto, sino la
diferencia.

Es por esto por lo que debemos preocuparnos por el otro y no verlo como alguien
enfrentado ya que, al fin y al cabo, hay yo porque hay responsabilidad, pues el yo es el resultado de que alguien nos
haya cuidado
. Y gracias a esto podemos sentirnos insustituibles, porque detrás de mí hay otros que no son yo.
Fue así como Lévinas propuso un humanismo del otro hombre, del hombre que
se responsabiliza y responde totalmente por el otro: Desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él
sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su
responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo que yo
hago
5.

Así pasamos, con Lévinas, de un yo cerrado (ego cartesiano) a un yo abierto, ya
que la filosofía a partir de ahora no empezará en el yo, sino en el Otro. Pues,
¿cuándo soy yo? Cuando otro me nombra, si nadie nos nombra no somos nada.
Podemos sustituir, de esta manera el “pienso, luego soy”, que
enunciaba Descartes, por “soy amado, soy nombrado, luego soy”.

Pero, ¿quién es el Otro? El Otro no es otro con una alteridad relativa como,
en una comparación, las especies, aunque sean últimas, se excluyen
recíprocamente, pero se sitúan en la comunidad de un género, se excluyen por su
definición, pero se acercan recíprocamente por esta exclusión a través de la
comunidad de su género. La alteridad del Otro no depende de una cualidad que lo
distinguiría del yo, porque una distinción de esta naturaleza implicaría
precisamente entre nosotros esta comunidad de género que anula ya la alteridad.
6

El Otro representa la presencia de un ser que no entra en la esfera del
Mismo, presencia que lo desborda, fija su “jerarquía” de infinito
7.
Es decir, el Otro responde a aquello que no soy yo, a aquello que es anterior a
mí y, gracias a lo cual yo soy quien soy. Pero la relación que se establece
entre el Yo y el Otro, no se da en términos de reciprocidad como el Yo-Tú de
Buber, donde ambos están en posición de igualdad. Tampoco en la relación
Yo-Otro puede entenderse al otro como otro yo, ni siquiera como una relación
cognoscitiva. En la relación Yo-Otro de la que nos habla Lévinas, el yo llega
siempre con retraso, éste se nos presenta como algo infinito. La autonomía del
yo, su principio de individualidad es de algún modo consecuente y también
posterior a la configuración del otro. Sin embargo, la relación con el otro se
hace más evidente a través de elementos como la proximidad, la responsabilidad
y la sustitución.

La
cercanía hacia el otro no es para conocerlo, por tanto no es una relación
cognoscitiva, sino una relación de tipo meramente ético, en
el sentido de que el Otro me afecta y me importa, por lo que me exige que me
encargue de él, incluso antes de que yo lo elija. Por tanto, no podemos guardar
distancia con el otro.

Por otro lado, ante la exigencia del otro de que me encargue de él, yo no puedo
escaparme. El sujeto está llamado a responder del Otro, hasta de su propia
responsabilidad. De este modo, mi yo queda sustituido por
el Otro, por lo que el Otro se impone como límite de mi propia libertad.

Lévinas identificará al Otro con las figuras del huérfano, el extranjero
y la viuda, con las cuales estoy obligado. A este Otro no lo determino a partir
de ser ni a partir del conocimiento, sino que él permanece intacto en su
alteridad, es absoluto. Lo único que me queda es acogerlo como infinito y
trascendente, responsabilizarme de sus necesidades. Según el filósofo de Kaunas
la ética no se va a basar en el ser, sino en la relación, ya que cada uno de
nosotros será la suma de las relaciones que tenga, por ello, hemos de responsabilizarnos
de estas tres figuras, ya que están faltas de una relación muy importante.

Así, de acuerdo con Lévinas, el punto
de partida del pensamiento filosófico no ha de ser el conocimiento, sino el
reconocimiento
, pues a través de los otros me veo a mí mismo. Esto
conducirá a nuestro autor a sustituir las categorías tradicionales por otras
nuevas como la mirada o el rostro: La mejor manera de encontrar al rostro es
la de ni siquiera darse cuenta del color de sus ojos […] La piel del rostro
es la que está más desprotegida, más desnuda […] Hay en el rostro una pobreza
esencial. Prueba de ello es que intentamos enmascarar esa pobreza dándonos
poses, conteniéndonos […] Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohíbe
matar.

El rostro del otro me ordena el: “¡No matarás!”, pero este mandato ha
de ser entendido como el hecho de no reducir la alteridad desnuda y, por tanto,
vulnerable, a la mismidad. Es decir, alude a elementos como el prójimo, el
decir los buenos días; ya que al despreocuparme del otro lo estoy matando, pues
¿quién soy yo si nadie me nombra, si nadie me saluda? De este modo, el “No
matarás” equivaldría a decir: “¡No te despreocuparás del Otro!”

La relación cara-a-cara será fundamental para Lévinas. Ésta tiene la
característica de constituirse como asimétrica, pues el Otro se me aparece en
una dimensión superior al mandarme, se me aparece como algo infinito, tal y
como señalábamos anteriormente.

Como consecuencia de la primacía que le da a esta relación, le otorgará más
importancia al decir que a lo dicho, pues el decir pertenece al ámbito de la
expresión, al momento anterior de las palabras, de los signos o de cualquier
otro elemento del lenguaje. El decir responde al momento ético, que es lo que
realmente interesa a Lévinas: La experiencia absoluta no es develamiento,
sino revelación: coincidencia de lo expresado y de aquel que expresa,
manifestación, por eso mismo, privilegiada del Otro, manifestación de un rostro
más allá de la forma. La forma que traiciona incesantemente su manifestación
aliena la exterioridad del Otro
[…] El rostro habla. La manifestación
del rostro es ya discurso
10.

Lévinas se opondrá así a la ciencia y a la tecnología porque se preguntan por
la verdad, son ontológicas y, él quiere cambiar esto proponiéndonos que en
lugar de preguntarnos por la verdad nos preocupemos por el prójimo. ¿Por qué?
Porque la crisis europea en la que nos encontramos, según Lévinas, es
explicable desde una extraña paradoja, pues, a pesar de las excelencias de las
que presume la civilización tecnológica, a pesar de los ideales de libertad y
de verdad que constituyen nuestra identidad, nos vemos obligados a convivir con
un olvido. Es como si hubiésemos olvidado dar los “buenos días”, como
si el amor a la verdad nos hubiese hecho olvidar el amor al prójimo. Nos hemos
zambullido tanto en la complejidad del cogito que hemos olvidado la
sencillez de los “buenos días”. Hemos otorgado tanta importancia a la
verdad que hemos olvidado los límites impuestos: No matarás.11
De este modo, tal y como señala nuestro autor, la magnífica ciencia producto
de esta civilización mediterránea, que a su vez surgió de la búsqueda de la
verdad, desemboca en amenazas apocalípticas y en la negación de este ser en
tanto que ser. Civilización en que la razón, originalmente soberana, conduce a
la posibilidad de la guerra nuclear
.12
Por este motivo, Lévinas propondrá que la filosofía primera ha de ser una
ética
13.
Ésta encuentra su fundamento en el encuentro cara-a-cara con el otro, donde el
sujeto es responsable del otro incluso antes de ser consciente de su propia
existencia.

Sin embargo, el filósofo de Kaunas reconoce que no es todo tan sencillo pues,
no sólo estamos yo y el Otro, sino que también existe un tercero por el que se
condicionan las leyes y se instaura la justicia. Esto se debe, según Lévinas, a
la multiplicidad de hombres, a la presencia del tercero al lado del Otro.14
Y es que, si bien es cierto que no somos sólo hijos de los griegos, también es
cierto que tampoco somos sólo hijos de la Biblia: No somos tan sólo hijos de
la Biblia, sino también hijos de los griegos. Para comparar a los otros es
necesario que alguien juzgue, para juzgar hace falta una institución y, para
que haya una institución se requiere un Estado. La justicia del Estado es una
mengua de la caridad y no, como creía Hobbes, una atenuación del hecho de que
el hombre es un lobo para el hombre.
15

Vemos cómo la ética levinasiana es también una ética de la justicia pues,
queramos o no, estamos obligados a juzgar, a emitir juicios, a comparar. Por
ello, para convivir se hace imprescindible la presencia de un Estado que nos
garantice seguridad, aunque esto nos prive de una parte de nuestra libertad.
Lévinas advertirá que el Estado deberá ser democrático ya que, en un Estado fiel
a la justicia existe la preocupación constante de revisar la ley.
16
Así, al tener el mismo peso el Estado y los ciudadanos en una democracia, éstos
podrían cambiar poco a poco las leyes e introducir términos como los de caridad
y solidaridad en ellas, ya que lo que le exigimos a la justicia no es que sea
solidaria sino que sea justa. Es por lo que Lévinas hablará (al igual que
Ricoeur en su obra: Amor y justicia) de una subordinación de la justicia
y del Estado a la idea de caridad, responsabilizando así a los ciudadanos de
suavizar la dureza de las leyes.

En resumen, la ética levinasiana nos advierte que no sólo somos hijos de los
griegos, sino también de la Biblia, de hecho a la pregunta ¿qué es Europa?
Lévinas responde: Europa es la Biblia de los griegos.17
Esto implica que hemos de suavizar las leyes, la lógica, la ciencia, es decir,
todos aquellos elementos que habíamos recibido de Grecia, sirviéndonos para
ello de los principios de caridad, solidaridad, projimidad, etc. que nos otorgó
Jerusalén, los cuales habían sido olvidados tras la búsqueda insaciable de la
verdad. De este modo, Lévinas rompe con el esquema sujeto-objeto que había
sostenido la metafísica de la filosofía occidental, y construye un nuevo
esquema: yo-otro, en el que hay una descentralización del yo y de la conciencia
en cuanto que yo me debo al otro y es el otro quien constituye mi yo. Se abre
así la posibilidad de acceso a una verdadera trascendencia. Trascendencia que
significa no el dominio del otro sino el respeto al otro y, donde el punto de
partida para pensar no es ya el ser sino el otro.

En este contexto, aparece la ética como la única vía para la salida del ser, es
decir, Lévinas considera que la ética es la filosofía primera ya que, nos
permite pensar en el Otro; pensamiento que resultaba imposible mediante la
ontología.

Bibliografía:

  • LÉVINAS, E., Totalidad e infinito. Salamanca, Ed. Sígueme,
    1977.
  • LÉVINAS, E., Ética e infinito. Madrid, Ed. A. Machado
    Libros, S.A., 2000.
  • LÉVINAS, E., La ética. Madrid, Ed. Pablo Iglesias, 1990.
  • LÉVINAS, E., “Somos hijos de la Biblia y de los griegos”,
    El País
    , 13-VI-89, pág.39, entrevista con J. Méndez.
  • RUSSEL, B., Historia de la filosofía. Barcelona, RBA
    Coleccionables, S.A., 2005.
  • FERRATER, J., Diccionario de filosofía. Barcelona, RBA
    Coleccionables, S.A., 2005.

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One Response to Nous Morfeo. Acerca de Emanuel Levinas

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